Cautela

En este pueblo, nos encontramos con una estampa muy habitual, un perro dormido al sol.

Tras percatarse de nuestra presencia, nos vigila de forma muy sutil. Sigue tumbado durante un buen rato, observándonos. Al final, la curiosidad le puede y decide levantarse para inspeccionarnos con mucha cautela.

Seguramente no entiende que estemos allí sin movernos, sin hablar, sin llamar su atención.

Se acerca a nosotros muy despacio. Al ver que no obtiene respuesta, trata de provocarla tocando con su pata la cámara de mi compañero Diego. Tras comprobar que no suponemos ningún peligro para él, opta por volver a su sitio preferido para seguir disfrutando del sol de primavera.

La mejor forma de acercarse a los perros es crear una situación que les resulte atractiva, amable, curiosa, pero no incómoda. En la mayoría de los casos serán ellos los que opten por entrar en contacto con nosotros. A veces, aunque nuestras intenciones sean buenas, invadir su espacio les puede resultar amenazante.

Gracias Diego!

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